LOS CRONÓFAGOS
Con ese título se desarrolló un programa radial
durante unos meses de 1971. Tal vez no haya sido más que una típica prueba
piloto, ya que parecía algo onerosa en su constitución, y a los mismos
integrantes los sorprendió el día que lo discontinuaron.
En realidad formaba parte de un proyecto mayor que
incluía la reformulación artística de Radio El Mundo de Buenos Aires, y el
acompañar el proceso político gubernamental llamado GAN (Gran Acuerdo
Nacional), que había instituido Lanusse como salida a la ya decaída dictadura
militar.
Qué fue, qué y cómo era Radio El Mundo.
Creada en 1937 por el multimedio Editorial Haynes,
fue la primera emisora radial con edificio construido adrede para radio, con
siete estudios para cada estilo de transmisión, y la distinción de contar con
un auditorio con capacidad para 500 asistentes, que permitía programas
especiales con actores, orquestas y coros. Durante las décadas siguientes
acompañó la vida diaria de muchos argentinos. A mediados de los 40 había sido
estatizada, al igual que otro grupo de radios originalmente privadas.
Desde la década del 30 Argentina había visto
aparecer un fenómeno nacido desde el corazón del poder económico: la incursión
militar en la política. Los militares tomaban el poder y llevaban a cabo
dictaduras. Sucedió en 1930, 1943, 1955, 1958, 1961, 1966 y 1976. Este es un
telón de fondo indisimulable para cualquier reseña histórica del país.
La dictadura militar impuesta en 1966 había
cerrado el Congreso y anulado a todos los partidos políticos (el peronismo ya
estaba prohibido desde 1955). Impuso a un economista al frente del Ministerio
de Difusión y Turismo, Federico Frischknecht, que tomó ocho de las radios
estatales en su plan de austeridad, y las localizó en dos grandes núcleos
físicos. Así El Mundo, con sus siete estudios, pasó a llamarse Radiocentro y pudo
alojar también a las radios Splendid, Mitre, Antártida y Excelsior. Las otras
tres quedaron instaladas en los estudios de Radio Belgrano.
Pero los sucesos políticos no continuaban en paz.
El dictador Onganía fue siendo desplazado hasta arribar a Lanusse, un militar
de apariencia conciliadora que debió aceptar que convenía retomar las
constitucionales prácticas democráticas. En su cabeza (y en la de la poderosa
masa civil que avalaba hasta ese momento su continuidad) comenzó a auspiciar un
proceso al que denominó GAN, Gran Acuerdo Nacional. Para los expertos políticos
esto escondía una forma de intentar manejar cierta continuidad por vías
electorales. Un tiempo después esto se confirmaría cuando se presentó un nuevo
partido con la propuesta presidencial del ignoto oficial de Aeronáutica Ezequiel
Martínez, un posible “presidente joven que sabe y puede” que en realidad apenas
si alcanzó el quinto lugar con 2,91% de los votos.
La nueva radio
En 1971 El Mundo no sólo había perdido gran parte
de aquella aura prestigiosa que había sabido ganar desde su fundación, con
programas de altísima audiencia como el Glostora Tango Club o Los Pérez García,
sino que los programas de sus competidoras lo superaban en audiencia. Fenómenos
nuevos, como “La gallina verde”, “El
show del minuto”, “Charlando las noticias” o el “Fontanashow” comandan ratings
y todos estaban radicados en las emisoras de la competencia. Para colmo su
sombra eterna, la Radio Belgrano venía realizando desde antes su propio cambio
de imagen con excelentes resultados.
La solución pareció llegar de la mano de su nuevo director: Eduardo Lagos. El planteo de cambio tomaba los mejores ejemplos usuales en el marketing: cambiar todo, logotipos, isotipos, características, identificaciones, eslógans. Así, de la noche a la mañana “LR1 Radio El Mundo” pasó a ser solamente “El Mundo”, acompañada con intermedios de modernísima música electrónica y sugerentes voces de locución.
Las emisoras de radio, de una u otra manera,
seguían a muerte con tareas reglamentadas con manuales que exigían no sólo
registrar en detallados libros todo lo que salía al aire, sino limitar la
espontaneidad respetando lo aceptable. Eso que en otros contextos suele
denominarse censura a secas.
Alberto
Ruanova, un exitoso director de teatro con cierto
prestigio en sus tierras cordobesas, movido por sus contactos políticos
animados por el GAN, se instaló en la capital con la misión de crear un
programa ambicioso, y para nada económico: contratar una pléyade de grandes
figuras con un programa de tres horas en la mañana y que lograra la fuerza de
desplazar a “La gallina verde”, exitosa en esa “Radio Continental”, experimento
privado que cada vez pisaba más fuerte.
Las figuras que aceptaron el desafío concentraban
renombre, prestigio, autoridad y trayectoria. Se trataba de Florencio Escardó, un médico pediatra
de vasta actuación benéfica y sanitaria que a la vez tenía trayectoria
literaria con su alias de Piolín de Macramé; Eduardo Bergara Leumann, un personaje múltiple que abarcaba desde
el humor gráfico, la actuación, la plástica, y los emprendimientos comerciales;
Dante Panzeri, un personaje tan odiado
como querido en el mundo deportivo, por sus ácidos comentarios críticos que
revolvían avisperos por entonces intocables; Carlos Warnes, un humorista original, ex libretista de Tato Bores y
más conocido por su alias de César Bruto, alguien que escribía al márgen de la
RAE.
Intervenían, además, columnistas de distintos
orígenes, algunos especialmente contratados, otros del plantel estable de la
emisora. Los más destacados eran Luis Pedro Toni, Néstor Romano o Margot de
Kumec, con
colaboraciones circunstanciales como las de Humberto Biondi, Dora
Palma o Rafael Díaz Gallardo.
El programa se estructuró de 8,30 a 11,30 de lunes
a sábado con un esquema de lo que hoy llamaríamos “magazine”. Dos conductores
del plantel de la emisora: Jorge Raúl Batallé (también folklorista, y tal vez
no casualmente primer animador de “La Gallina Verde”) y la misionera Cristina
Madelaire conducían el hilo del programa, con cada día la intervención de
alguno de los citados. Los viernes armaban un panel VIP, ya que en una gran
mesa redonda intervenían Escardó, Panzeri y Warnes. Los sábados iba música y
libretos de la producción.
La misión de apalancar el GAN, amplió generosamente
la intervención de columnistas con personajes aportados por algunos partidos
políticos que aceptaban ceder figuras de sus staffs culturales.
